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 Actualizado con fecha: 14/07/2005 19:26:40

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 Campeonato de España de Ajedrez rápido

Un georgiano, campeón de España

Elizbar Ubilava, pendiente de nacionalización, se impuso en la modalidad de partidas rápidas

SERVICIO DE PRENSA. Benasque
Tiene un largo historial como jugador, y ha sido entrenador de dos campeones del mundo, el ruso Anatoli Kárpov y el indio Viswanathan Anand. Pero Elizbar Ubilava, de 54 años, enriqueció ayer su palmarés con un título harto curioso: campeón de España de ajedrez rápido (20 minutos por bando en cada partida) con pasaporte georgiano. Reside en España desde hace quince años, y espera el cambio de nacionalidad.
“Los georgianos tenemos fama de ser muy nacionalistas. Pero si eso es verdad, yo debo ser una de las excepciones. Además, mi familia y yo estamos muy contentos y muy adaptados a España”, dice en perfecto castellano este gran maestro tranquilo, culto, apasionado por los aspectos artísticos y científicos del ajedrez, residente en Collado Mediano (Madrid) con su esposa, Nana, y sus dos hijos, que pudo jugar el Campeonato de España porque la Federación Española, con el visto bueno del Consejo Superior de Deportes, permite que lo hagan aquellos extranjeros cuya solicitud de nacionalización ha sido aceptada a trámite (hace tres meses, en este caso), lo que suele implicar una resolución final favorable. Sin embargo, Ubilava no podrá jugar con la selección española ni representar a España individualmente en Europeos o Mundiales hasta que no le concedan el pasaporte.
Ubilava desempeñó un papel probablemente esencial para que Anand, actual ‘número uno’ del mundo y también residente en Collado Mediano, llegase a campeón del mundo, en 2000. Antes había trabajado como analista o entrenador durante largos periodos para Kárpov. Por ejemplo, en el Mundial de Sevilla 1987, contra Gari Kaspárov, que duró dos meses y medio. El 18 de diciembre, cuando se aplaza la última y decisiva partida tras cuatro horas de juego (hoy, ya no hay aplazamientos porque los jugadores podrían ser ayudados por computadoras), el ambiente está muy crispado en la delegación de Kárpov, y Ubilava se siente agotado tras varios meses de trabajo durísimo.
El médico de Kárpov le da una pastilla blanca y le dice: "Tómate esto y verás qué bien trabajas. Los cosmonautas soviéticos han probado su eficacia". Ubilava recuerda: "Le hice caso, con resultados impresionantes. Mi mente iba como una moto y el cansancio desapareció completamente. Además, el efecto duró 24 horas". Esa pastilla era probablemente una anfetamina de larga duración, y viene a cuento recordarlo ahora, en pleno debate sobre si el control antidopaje tiene sentido en ajedrez.
La última ronda, matutina, del Campeonato de España de ajedrez rápido, fue extraña: Ubilava aceptó el empate ofrecido tras pocos movimientos por Manuel Rivas y desapareció de la sala, quizá para sufrir menos: la canaria Sabrina Vega, de 18 años, una de las grandes promesas del ajedrez español, tenía en ese momento una posición favorable contra Juan Antonio Toledano; una victoria de ella provocaría un empate a puntos en el primer puesto y una larga espera para calcular el coeficiente de desempate. Pero Vega no vio un golpe ganador, y esa partida terminó en tablas.
Una mujer campeona de España absoluta hubiera sido una noticia mucho más sorprendente que la del triunfo de Ubilava: España es el país que más torneos internacionales organiza, unos cien cada año, y por tanto atrae a muchos ajedrecistas extranjeros con residencia permanente o muy frecuente en la península. Por ejemplo, el actual ‘número dos’ del mundo, el búlgaro Véselin Topálov, reside en Salamanca desde hace muchos años. Otros, como Alexéi Shírov, nacido en Letonia de padres rusos, o el chileno Roberto Cifuentes o el paraguayo Zenón Franco, se han nacionalizado. Y hay quien lleva aún más años que Ubilava en España pero no ha cambiado de pasaporte: Ljubomir Ljubójevic, el yugoslavo que vino un día a jugar el torneo de Linares, se enamoró de Araceli, se casó, fue padre y allí sigue, totalmente integrado en Andalucía pero sin renunciar a sus orígenes. El ajedrez está lleno de trotamundos.

 

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