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 Actualizado con fecha: 11/12/2013 14:40:31

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La noticia me llegó mientras jugaba el torneo de Benidorm. Sabía que estaba en un delicado estado de salud, pero no imaginaba que hasta este punto. Jaume Mora fue mi maestro. El me enseñó los fundamentos estratégicos y técnicos de nuestro maravilloso deporte. Con paciencia, siempre con buen humor, explicaba sus inmensos conocimientos y no solo en ajedrez, con lo que yo, sin darme cuenta, me estaba formando también como persona. Estudió y aprendió ruso, aun buen nivel, para poder entender las revistas de ajedrez de aquél país, que recibía periódicamente.Esto le permitió estar siempre por delante, en conocimientos teóricos, de la mayoría de jugadores de su época. Buscaba la belleza en el tablero y lo consiguió en infinidad de partidas memorables, tanto con su equipo de siempre, el Terrassa, como con la selección española, de la que fue jugador y capitán olímpico.

Fue también mi capitán. Siempre. Con doce años, me hacía acompañarle en sus exhibiciones de partidas a la ciega, contra diez o doce jugadores. Yo le cantaba las jugadas de sus adversarios y hacía las suyas en el tablero, mientras él consumía caramelos sin parar. Desde que debuté, con trece años, en el primer equipo del Terrassa, sabía que en los momentos de éxito y en los momentos de derrota, él estaría allí. Cuando llegaba a la jugada 40 o 45, que marcaba el control de la partida, notaba inmediatamente su mano en la espalda y sabía lo que eso indicaba. Era el momento de levantarse y relajarse, mientras él me decía: " Nen, respira fons i camina una mica". No recuerdo hasta que edad me lo siguió diciendo, creo que siempre, pero siempre lo hice.El día que gané el Campeonato Absoluto de Catalunya, llegué tarde a casa. No sé como lo supo, pero allí estaba, en la puerta: "Ben jugat, nano. Ves a dinar, qu'es tard ", me tendió la mano y sin darme tiempo a contestar, subió a su coche y se marchó.

Esto y muchísimas cosas más, marcan el nivel de Jaume Mora como ajedrecista y también, por encima de todo, como persona. Siempre estará en mi recuerdo. Ojalá ahora, que ya no está entre nosotros, algún día, en alguna partida difícil, note la sensación de una mano en la espalda y oiga, como en un susurro: "nen, respira fons". Al fin y al cabo, vistos desde la eternidad, mis sesenta y siete años seguirán siendo los de un niño.

 

Fins sempre, Jaume. A reveure.

 

Emili Simón

 

 

 

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